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sábado, 27 de mayo de 2017

Infancia de Jesús

¿Por qué la Iglesia Católica en su Biblia, no habla de la infancia de Jesús, a sabiendas de que es el protagonista del Nuevo Testamento?
Darío Sevillano Álvarez

Es una verdadera lástima, que siendo Jesucristo el protagonista del Nuevo Testamento de la Biblia Católica, ningún evangelista se haya atrevido a contar las cosas buenas y malas, que hizo Jesucristo, en sus veintinueve años de infancia, adolescencia y vida adulta privada.


Este descuido sistemático de los evangelistas y discípulos de Jesús es imperdonable, porque todos los que en Él creemos debiéramos tener derecho a saber la verdad, sobre las cosas que hizo en su vida privada el divino Niño.

Mi propósito en este escrito es anunciar algunas cosas que escribieron de Él, las personas que vivieron en su época y que tal vez, por haber hecho las crónicas en una forma un poco mal contadas, los codificadores de la Biblia no se atrevieron a tenerlos en cuenta y creyeron que no eran de una buena fuente.


El mero hecho de pensar que voy a escribir sobre un personaje tan importante, me emociona y me llena de satisfacción haber encontrado en algunos escritos apócrifos, ciertas crónicas sobre la niñez, la adolescencia y parte de la vida adulta de nuestro protagonista.

Ninguno de los hechos que voy a contar pertenece a la Biblia Católica, pero esto no quiere decir, que no sienta todo el respeto y la admiración, que ella se merece.

Mi relato lo voy a empezar cuando la sagrada familia empezó el viaje hacia las tierras de Egipto.

En el libro llamado La historia de José el carpintero, escrito en el siglo IV, donde Jesús aparece contando a sus apóstoles detalles de su niñez, dice: «Bajamos, pues, a Egipto y permanecimos por espacio de un año, hasta que el cuerpo de Herodes, vino a ser pasto de gusanos».


Uno de los mejores pasajes del viaje lo cuenta un evangelio apócrifo, cuando dice: «Muy cercana a la basílica de la Natividad, hay una roca que los peregrinos llaman el descanso y en latín se le dice Virgo lactans o Virgen de la Leche, porque en ella la virgen se sentó y amamantó al niño Jesús, antes de emprender el viaje».


En El Cairo, la capital de Egipto, existe un viejo sicomoro y la tradición, lo respeta, porque a la sombra de él, la Virgen descansó con el Niño.


Durante el viaje por las tierras desérticas, el hambre y la sed fueron los principales problemas de la sagrada familia, y al pasar por una palma de dátiles que estaba llena de frutos sazonados, la Virgen dijo a José:

—Que bueno poder comernos esos dátiles.

—Parece raro que viéndolos tan altos — José le replica— te provoque comerlos.

Y en ese momento el niño actúa y la palma se inclina, para que la virgen recoja sus frutos.


Cuando la sagrada familia llegó a las tierras de Egipto, a la ciudad de Alejandría, (recordemos que esta fue la ciudad que fundó Alejandro Magno, para gobernar su imperio), se instalaron en la casa de unos parientes y José consiguió trabajo, como carpintero, pero cuando le vieron sus habilidades de arquitecto, lo nombraron capataz y esto le dio la oportunidad de mantener cómodamente a su familia, mientras estuvieron en esas tierras.

Como el niño estaba muy pequeño, María no consentía que saliera más allá de donde ella lo pudiera vigilar y cuidar, pero José la convenció de que el niño debía jugar con los demás niños de su edad y ella accedió a dejar que se desenvolviera normalmente.


En el año de permanencia en Alejandría, el niño gozó de buena salud y se desarrolló normalmente.


Finalmente, José, María y Jesús, se despidieron de los amigos y parientes de Alejandría y se embarcaron con un amigo que tenía un barco, hacia la ciudad de Jope, a la que llegaron a finales de Agosto del año 4 antes de Cristo.


Lo primero que hicieron, fue trasladarse a Belén y allí estuvieron discutiendo con sus parientes sobre la conveniencia de vivir en esta ciudad o trasladarse a la ciudad de Nazaret.


Después de muchas deliberaciones, José decidió que era más seguro, para el Niño, vivir en Nazaret que era una ciudad de Galilea que quedarse en Belén que pertenecía a Judea.

En los primeros días del mes de octubre, salieron de viaje para Nazaret, por el camino de Lida en Escitópolis, para no dejarse ver mucho de los soldados y amigos del rey, pero cuatro familiares, los escoltaron, porque ese camino era solitario y los podían atacar, las bandas de ladrones.


Después de cuatro días de viaje, llegan a Nazaret y los primeros sorprendidos fueron los familiares de los dos, porque nadie sabía que ellos habían regresado de Egipto.

Como la casa que era de su propiedad estaba ocupada por un hermano de José, este procedió a mudarse y a partir del otro día, la sagrada familia empieza a vivir su vida privada en medio de la mayor tranquilidad.

Es bueno recordar que la permanencia en la ciudad de Nazaret, va a ser la parte más grata de la sagrada familia, porque en esa ciudad pasaron muchos años tranquilos y seguros, además de bien tenidos económicamente


Al llegar a Nazaret, se instalaron y debemos recordar, que unas viejas historias del tiempo de Jesús, escritas por un coetáneo suyo, el joven Rafael ben Hered, dicen que en la casa de esta familia siempre hubo, desde la época en que Santa Ana y San Joaquín vivieron en ella, un criadero de palomas, que aún estaban y el niño jugaba con ellas, con alguna frecuencia.


En esta ciudad, es donde José, empieza a mostrar sus grandes habilidades de arquitecto, saber que le produce el dinero suficiente para mantener a su familia en una buena posición social.


Recordemos que en sus saberes estaba la construcción de grandes edificios, templos y todo lo relacionado con esta ciencia.

Muy cercanos a la casa de ellos, había en Nazaret otras familias que contaban con otros cuatro o cinco niños, que se hicieron buenos amigos del Niño Dios y jugaban con Él, con alguna frecuencia.


En los encuentros pueriles para jugar, con alguna frecuencia, resultaban accidentes, como siempre ha pasado, y una vez, el niño jugaba con los demás amiguitos, en una terraza y de pronto uno de ellos, se cae y fue tan serio el accidente que murió instantáneamente; cuando los demás niños vieron lo que ocurría, se fueron a sus casas y el Niño Jesús, se quedó solo con el muerto; vinieron sus padres y entraron en pelea con el Niño, porque sostenían que Él, lo había matado: entonces el Niño, le ordena al muerto que resucitara, para que explicara a sus padres, lo que había ocurrido y el muerto resucitó.


Cuentan los historiadores de esa época, que el Niño era un infante normal y que jugaba a todas aquellas cosas, que los demás niños jugaban.

Uno de sus juegos predilectos era jugar con los arroyos, una cosa muy parecida a la que hacen los niños modernos, cuando hacen puentes sobre ellos y por esos puentes, pasan sus juguetes.

Si recordamos que en las tierras de oriente medio, los rebaños de cabras y ovejas o carneros, son abundantes, también el Niño Dios jugaba con las crías de estos animales, tal como lo hacen los hijos de los ganaderos modernos.


Pero si centramos la atención con su hogar de Nazaret, tenemos que mostrar las habilidades del Niño Dios, para ayudar a José en las labores del taller.


El Niño Jesús, según dice el padre Gaspar Astete, en su catecismo de la doctrina cristina, en la pregunta número 96, que a la letra dice: «¿Dónde vivió Jesús hasta los treinta años de edad?»

Y la respuesta dice: «Hasta los treinta años de edad Jesús vivió en Nazaret, obedeciendo en todo a María Santísima y a San José y creciendo siempre en edad y sabiduría, delante de Dios y de los hombres».

Aunque muy vaga la idea, Astete está diciendo que el Niño, era un jovencito muy bien comportado y sabía querer a sus padres, como cualquier niño de la Tierra.


Esta es una buena evidencia de lo que estoy afirmando.

El comportamiento del Niño, aunque a veces mostraba todo su poder, era adecuado a la fortaleza de su cuerpo y a las normas hogareñas, en que se estaba formando.


Dice uno de los evangelios apócrifos, que cuando tenía unos cinco años, el Niño se acercó a un charco y empezó a amontonar barro y luego, esculpió una cantidad de pájaros.

Pero eso fue un día sábado, en que el pueblo de Israel, no podía hacer ningún trabajo; entonces unos fariseos, lo increparon, porque estaba quebrantando esa norma religiosa, Él no les prestó importancia, pero cuando los vio muy enojados, dijo:

—¿Habré pecado tanto?

Y luego dio unos golpes en el suelo y los pájaros salieron volando y cantando.

Un escritor muy conocido, Germán Arciniegas, escribió este acontecimiento magistralmente y a esa poesía le puso por nombre El miagro de los pájaros.

Pueden disfrutarla con todas sus figuras literarias:

El milagro de los pájaros

Jesús, en aquel tiempo, en tarde hermosa,
fragante y rumorosa,
llegó del lago a la desierta orilla,
y junto a sus discípulos sentado,
bajo el fresco arbolado,
fue ante sus pies amontonando arcilla.

Y empezó a modelar mirlas, zorzales,

palomas y turpiales
y jilgueros con arte peregrino;
y los niños al verlo, abandonaron
sus juegos y llegaron
en torno del artífice divino.

Fariseos ceñudos que del templo

regresaban: «qué ejemplo
das tú», gritaron con acento airado;
¿En sábado trabajas? ¿No comprendes
que al Dios del Cielo ofendes?
El día del Señor has profanado.

Alzó como en un ruego la mirada
hacia la turba airada,
y en voz humilde y de cadencia suave,
voz armoniosa de celeste encanto:
¿Habré pecado tanto?
y el pico terminó de un ave.

Y luego ante la turba que con ira
 su indiferencia mira,
y que sigue en redor vociferando,

tres golpes dio en el suelo.
Y al instante, hacia el azul radiante,
se lanzaron los pájaros cantando.

¿Cuál sería el alboroto que se armó, cuando los sumos sacerdotes y el sanedrín supieron lo acontecido?

En uno de los capítulos de los evangelios apócrifos, dice: Todas las cosas que el Niño Jesús decía o pensaba, inmediatamente se realizan y por esta razón, todos los habitantes de Nazaret, lo respetaban y creían en lo que les decía.


Un día había un niño cortando leña, pero su hacha se enredó en el pie y el niño sangro tanto, que se murió; esto generó mucha expectativa en el público y hasta el Niño Jesús, se apareció a ver el muerto y cuando se dio cuenta de lo ocurrido, tomó el pie herido del difunto y le ordenó, que se levantara y siguiera cortando la leña.

Los curiosos, quedaron admirados de lo que estaban viendo y decían: «El poder de Dios está con Él».


Cuando el Niño tenía seis años, la Virgen lo mandó con un cántaro al hombro, para que trajera agua del pozo; el Niño se tropezó y al caer al suelo, el cántaro se quebró; entonces el Niño se fue al pozo, cogió su manto y lo organizó como una vasija, lo llenó de agua y lo llevó a su casa.

La Virgen estaba admirada de lo que veía y guardaba todas estas cosas en su corazón de Madre.


Cuando el Niño Dios, tenía ocho años, se fue con José, para ayudarlo a sembrar trigo, los granos que el Niño sembró, cuando fueron recolectados, produjeron muchas medidas, a tal punto, que repartieron a todas las familias y a la Sagrada Familia, le tocó una buena cantidad del producto.

Un hombre importante del pueblo, había contratado a José para que le hiciera una cama; cuando José cortó los dos largueros, uno de ellos quedó más largo que el otro y estaba en un apuro, porque no tenía más madera para solucionar el error; el Niño le dice: Coloca los dos largueros uno encima del otro y cuando vio que había uno más pequeño, tomó su punta y lo jaló y los dos quedaron iguales.


Un día salieron el Niño Jesús y uno de sus familiares a buscar leña, pero una serpiente mordió a su familiar en una mano; el niño Jesús, sopló la mano y el niño se curó y la serpiente murió.


Un día, uno de los niños vecinos del Niño Dios, murió y su madre estaba muy acongojada; el niño Dios acudió a verlo y le ordeno al muerto, que resucitara y que siguiera al pie de su madre acongojada; el niño resucitó y las gentes decían: Este niño es un Dios o es un ángel y todo lo que dice se cumple al pie de la letra.


Jesús a lo largo de sus días, mostró ser muy especial con los niños, estas dos imágenes muestran distintas escenas, en donde demuestra esta predilección:


La amabilidad de Jesús hacia los niños es muy especial.


Hay una historia bastante conmovedora, que me la contaba mi abuela, sobre el Niño Dios, ella decía:

—¿Conoces la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro? Contaban los antiguos cristianos, que esa virgen fue pintada por San Lucas y que representa un momento terrible, que tuvo el Niño Dios, cuando se acordó de su pasión y muerte en la cruz y que sintió tanto miedo, que corrió y se subió a los brazos de nuestra Señora, para que lo protegiera y el Padre Eterno, le mandó como consuelo a dos arcángeles:  San Miguel y San Gabriel que le están mostrándole los signos de la pasión.

Ellos son la lanza y la caña con una esponja con hiel y vinagre; y el otro sostiene la cruz y los clavos.


Observen como al Niño, casi se la cae la sandalia del pie derecho, en su terrible carrera. 
(Clicar la figura para aumentar el tamaño y poder leer la oración).

Las letras de este cuadro, son todas del idioma griego y se pueden descifrar así: A los lados de la cabeza de la virgen dice, la madre de Dios; a un lado del Niño dice Jesucristo salvador del mundo; debajo del arcángel de la derecha, dice al arcángel Miguel; y debajo del otro arcángel dice, el arcángel Gabriel.

Cuando tuve la oportunidad de constatar la veracidad de la historia de mi abuela, logré saber, que el cuadro que pintó San Lucas, fue venerado con profundo respeto, por las comunidades cristianas del oriente de la tierra, pero cuando los Turcos invadieron la ciudad de Constantinopla, en el año de 1453, en donde lo veneraban, fue quemado, por estos sinvergüenzas.

El cuadro que ahora veneran los padres redentoristas, y que está en la Iglesia de San Alfonso, muy cerca de Santa María la Mayor en Roma, es una obra pintada en nuestra era y por circunstancias especiales, fue guardada en el Vaticano, bajo la protección de los papas, pero cuando los redentoristas le pidieron a Roma, les concediera volverla a venerar en su Iglesia de San Alfonso, el papa Pío XI se las devolvió.


Los evangelios apócrifos, también cuentan la historia de que el Niño Dios, en una de sus vistas a Jerusalén, estuvo conversando con los doctores de la ley y todos se quedaron admirados de ver como dominaba todos los documentos relacionados con las escrituras.

Recuerden ustedes, que este acontecimiento representa uno de los dolores de Nuestra Señora, que es la pérdida del Niño; y el hallazgo es un misterio gozoso del Rosario.


Estaban construyendo una casa y hubo un accidente y uno de los hombres que la construían murió; Jesús acudió a ver el tumulto que formaban las personas y cuando se dio cuenta, que uno de los hombres había muerto lo tomó de la mano y le ordenó que siguiera trabajando y así pasó.

Las gentes se decían: Este Niño viene del cielo y ha salvado a muchos de la muerte.


Si quisiera seguir escribiendo, los documentos que tengo en mi mano, me permitirían hacer dos o tres veces la cantidad de páginas que he escrito, pero creo que con estos hechos, muchas personas podrán empezar a saber que desde el momento en que nació el Niño Dios, fue un cúmulo de prodigios y cosas maravillosas, hasta que llegó a su vida pública, que aunque no está escrita en sus totalidad, nos muestra las maravillas de su poder infinito.

Para hacer este escrito, me basé en las siguientes obras:
Evangelio de la Infancia de Jesús, versión Armenia;
Evangelio de la infancia de Jesús versión árabe;
Evangelio apócrifo de la infancia, Pseudo Tomás;
el libro Urantia; 

La historia de José en sus dos versiones, la árabe y la Armenia;

y muchas crónicas que escuché en los lugares en donde estudié y en mi casa paterna.



Sopetrán, Mayo 17 del 2017.

*



lunes, 22 de mayo de 2017

Origen de la Biblia

¿Cómo nació la Biblia católica?
Darío Sevillano Álvarez

Este libro tiene una larga historia, que muchos no conocen y por esa razón, me propongo contar algunos intríngulis, sobre su nacimiento y posterior desenvolvimiento, hasta cuando llegó a nuestros días.


Han sido muchas las peripecias que, a los sabios de la Iglesia Católica, se les han presentado, para lograr configurar el libro que ahora llamamos Biblia.

Recordemos que en el año 605 antes de Cristo o antes de nuestra era, el pueblo hebreo, en donde estaban algunos escritos que podrían ser el principio de ese libro, sufrió un revés, cuando el Rey Nabucodonosor, conquistó a Jerusalén y después de esto se llevó prisioneros a sus habitantes, para la ciudad de Babilonia y allí los tuvo como esclavos por algunos años.

Conocemos este acontecimiento en la historia universal como la diáspora del pueblo de Israel.

Pero en los libros de la Biblia, se narra, como la cautividad de Babilonia.

También la historia nos cuenta que no todos los ciudadanos de la urbe y los campos, cayeron en la redada y unos se quedaron en sus tierras, otros se fueron para Egipto y el resto fueron esclavos en la gran ciudad de la Mesopotamia.


La ópera Nabucco, escrita por Giuseppe Verdi, fue dedicada a este pasaje bíblico, y cautivó a todos los italianos, cuando se estrenó en la Scala de Milán, el día 9 de marzo de 1842.

Uno de los coros de la ópera, es el famoso: Va pensiero, que en español dice así:

Pensamiento, sobre alas doradas,
Marcha y posa, por cimas y bosques;
Donde brisan las cálidas suaves,
Auras dulces del cielo natal.
  

Como los ciudadanos de la Tierra hemos estado en guerras, día a día, desde el momento en que aparecimos hasta hoy, todo por religión, por política o por amor; el rey Ciro de Persia, conquistó a Babilonia y les dio la libertad a los Israelitas, para que volvieran a su ciudad.


Pero al regresar, la inmensa mayoría de ellos, no llegaron a Jerusalén, sino que viajaron a Egipto a reunirse con los que se libraron de la esclavitud y se radicaron en la ciudad de Alejandría.

Esto quiere decir, que los judíos estaban dispersos en una diáspora, unos en Jerusalén y otros en Alejandría.

Todo este preámbulo, para contarles algo muy importante, relacionado con el nacimiento del antiguo testamento de la Biblia Católica.


Cuando los Israelitas llegaron a Alejandría, como el bibliotecario de la ciudad, Demetrio de Falerón, que manejaba la biblioteca más importante del mundo antiguo, quería tener los relatos que el pueblo Hebreo, hacía, desde sus orígenes, el Rey Ptolomeo II, invitó a setenta sabios de Israel, para que hicieran la historia de su largo trasegar por espacio de los siglos, entre Adán y Eva y la cautividad en Babilonia y a estos relatos, los llamaron la Biblia de Alejandría o Biblia Alejandrina, pero también se le decía: La Biblia de los setenta o Septuaginta, que es nada más, ni nada menos, que el antiguo testamento de la Biblia actual.

Es bueno contarles que como el idioma griego era casi como el oficial del mundo conocido y los otros habían entrado en decadencia, la Biblia Alejandrina fue traducida del arameo y del hebreo al griego.

Es una única lástima que de esos escritos que hubo en la biblioteca de Alejandría, no quedan rastros físicos, porque un animal con figura de humano, de la religión musulmana, cuando conquistaron la ciudad y llegaron a su biblioteca, hizo este razonamiento: «Esta biblioteca o contiene la ciencia que maneja el Corán o la contradice; en el primer caso es importante quemarla, por inútil y en el segundo caso se debe quemar por perversa y procedieron a quemar, la única joya escrita interesante de la humanidad a de esa época.
  

Hubo grandes disturbios entre las distintas corrientes de seguidores del pueblo de Dios para reconocer todos los libros del antiguo testamento y siete de los libros no fueron reconocidos por todos, ellos son:


Tobías
Judit
I Macabeos
II Macabeos
Sabiduría
Eclesiástico (también llamado Sirac)
Baruc

Estos libros reciben el nombre de deuterocanónicos.

Vale la pena aclarar que significan dos palabras, que vamos a manejar con alguna frecuencia, cuando de la Biblia se trata; apócrifos y deuterocanónicos; la primera significa, ‘escondido’, porque el nombre del autor del libro es un falso nombre y la segunda, que no fueron aprobados con los primeros, es decir, que pertenecen a un canon distinto.


La canonización de los libros de la Biblia, es decir, el reconocimiento que de ellos hacen los altos funcionarios eclesiásticos, es la que les da validez como auténticos.

Cuando el idioma latino se hizo muy importante y empezó a ser la lengua oficial de muchos estados, San jerónimo tradujo la Biblia a ese idioma y tomó el nombre de Vulgata que significa ‘del pueblo’.

Pero San Jerónimo cometió un error, y no tradujo los siete libros deuterocanónicos, porque estaba traduciendo de una versión que no los tenía, pero los miembros de la Iglesia Católica, le pidieron que los incluyera y esa Biblia fue aceptada por todos.


Los concilios de Hipo y de Cartago fueron los que reconocieron los libros de la Biblia y fijaron la cantidad para cada testamento: 46 para el antiguo testamento y 27 para el nuevo.

Los primeros recopiladores, borraron del plano de los posibles muchos escritos del tiempo de Jesucristo, porque encontraron pasajes que, de alguna manera, no convenía que la comunidad religiosa católica los conociera y trataron de acabar con ellos, pero los moradores de la Tierra de esos tiempos fueron lo suficientemente sagaces y los escondieron en cuevas cercanas al mar muerto, para que la posteridad, algún día los conociera.

En la actualidad, la comunidad científica, los antropólogos y muchos investigadores de otras disciplinas del saber, han estado encontrando y traduciendo esos textos y ya se consiguen en todas las librerías los contenidos de ellos.
  

Los encargados de organizar los libros de la Biblia fijaron unas condiciones especiales, para saber que el libro si fuera de buena calidad, las normas eran estas:


1.- Que fuesen escritos por un apóstol o su discípulo.

2.- Que se utilizara en la liturgia de las iglesias apostólicas, como Roma, Corintio, Jerusalén, Antioquía, etc.

3.- Que estuviera en conformidad con la fe católica recibida de los apóstoles.

Al aplicar estas normas, muchos escritos se quedaron sin poder ser clasificados para integrar la Biblia Católica, algunos de ellos son el Evangelio de Tomás; el evangelio de Judas; el evangelio de Pedro; el evangelio de María Magdalena, y otros más.


El canon de 46 libros para el antiguo testamento y 27 para el nuevo, ha venido siendo ratificado por los papas y por los concilios.

Martín Lutero, para justificar sus creencias suprimió algunos libros de los que tiene la Biblia, como canónicos, es decir, como reconocidos.


Es bueno saber que como la ciencia y los investigadores todos los días descubren escritos relacionados con los tiempos de Jesucristo, es bueno tener en cuenta estos acontecimientos:

En el siglo III antes de Cristo el rey Ptolomeo II reunió setenta sabios judíos para transcribirla.

El primer manuscrito se destinó a la biblioteca de Alejandría y desde entonces ha habido miles.

El descubrimiento de los rollos del mar Muerto en 1947 apenas modificó el Antiguo Testamento.

Cada año aparecen textos manuscritos que desatan debates encendidos sobre la Biblia.

La recopilación hebrea de la historia del pueblo de Israel, a la que llamaban texto masorético, es decir, la tradición en el idioma hebreo, fue realizada en el siglo IX después de Cristo y es bueno decir, que esta versión no incluía el nuevo testamento.

El Nuevo Testamento y la recopilación de los evangelios que retrataron la vida de Jesús, tuvo numerosas fuentes y autores.

El papiro más antiguo del Nuevo Testamento es un fragmento de San Juan que data de los años 125-130, después de Cristo.

Los textos de la Biblia que hoy conocemos, se deben al esmero que los monjes y copistas de los relatos antiguos de la Biblia escribieron, para que nosotros tuviéramos ese conocimiento.


Con el encuentro de los rollos de papiro en una cueva, por unos pastores beduinos, se armó la de Troya, porque los escritores de la época creían que esos rollos iban a ser el remplazo de la Biblia, pero unos especialistas en papiros encontraron la verdad y esos rollos del mar muerto, solo pudieron aclarar algunos pasajes del antiguo testamento.


Estos escritos, pertenecían a pasajes comprendidos entre el año 150 antes de Cristo y hasta el año 70 de nuestra era.


¿Cómo apareció el Nuevo Testamento?

Aunque parezca increíble, reunir las partes del Nuevo Testamento fue una tarea incluso más ardua para los eruditos.

Tras la muerte de Jesús, en la primera mitad del siglo I, sus milagros y obras fueron pasando de boca en boca hasta extenderse por todo el Mediterráneo.

En la segunda mitad del siglo I había decenas de versiones: en siríaco, en copto, en latín, en griego culto, en armenio... Algunas coincidían, otras no.

En el 370 se elaboró una lista que contenía cuatro evangelios creíbles, además de epístolas o cartas de San Pablo, hechos de Apóstoles y el Apocalipsis de San Juan.

En un concilio celebrado en 397 después de Cristo fueron consagrados después de cotejar unos con otros, y descartar varias versiones.


La formación del canon del nuevo testamento, resultó de mucha complejidad y fue muy difícil de escribir y se puede dividir en dos períodos importantes: La formación del canon ente los siglos I y II y la constitución definitiva, entre los siglos III y IV.

Esto quiere decir que la Biblia Católica, solo apareció completa en el siglo IV de nuestra era.

Los manuscritos que sirvieron para armar este complicado rompecabezas, están dispersos en el Vaticano, en San Petersburgo, en Paris, en Cambridge y el manuscrito más completo, que es el Codex sinaíticus, está en la biblioteca británica de Londres.

Cada año, aparecen nuevos trozos del Nuevo o del Antiguo Testamento, y entonces se desata una pelea para saber si es copia fiel, o si es una versión mal trabajada.

La Iglesia Católica debe estar preparada, para manjar esos acontecimientos, porque los historiadores sabemos que en las ciencias sociales no hay verdades absolutas y todas dependen del grado de profundidad de la investigación, que se está haciendo.




Sopetrán, 15 de mayo del 2017.


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