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domingo, 2 de junio de 2013

Arquitectura sopetranera

Elementos Urbanos
Darío Sevillano Álvarez

En estos riscos, en la época de la colonia, las casas surgieron alrededor de los arroyos y buscando el calor del templo parroquial, porque las iglesias eran el lugar privilegiado de cualquier caserío.

Las primeras calles en aparecer, fueron la José María Villa, la Luciano Carvalho y la Uribe Uribe; los demás espacios eran huertas de cacao y frutales, pero a medida que fueron llegando nuevos pobladores, el casco urbano se fue configurando, como hoy es.


Si son buenos observadores, las casas de más edad, están en las primeras calles y esas son nuestro patrimonio arquitectónico, que personas inescrupulosas, viene tumbando, para hacer casas de estilo moderno.

Las calles son muy torcidas, porque en esa época, no había dinamita para destruir rocas y por eso, las calles parecen el cuerpo de una serpiente, que a la hora de la verdad, se adaptan bien a la topografía de un pueblo antiguo.

El caserío, debió haberse construido entre El Llano, Chagualal y El Palmar, que es la parte más plana de la topografía, pero como ya dije, el agua había que recogerla en cántaros y trasportarla al hombro o en bueyes, circunstancia que complicaba mucho el manejo del precioso líquido.


El nuevo plano de la ciudad, nos muestra, el pequeño progreso que hemos tenido a cuatrocientos años de haber sido fundados

Las condiciones favorables de agua y la buena pendiente han marcado el proceso de expansión y los constructores se han adaptado a la topografía del lugar, para que sus construcciones sean de excelente calidad, con subterráneos y trucos especiales que hacen ver: Una hermosa ciudad en medio de muchas dificultades del terreno.

El proceso de expansión ha logrado conformarse con 13 calles y 11 carreras, con un total de 32 manzanas.

Los límites del casco urbano por el norte y por el sur, han sido las quebradas La Sopetrana por el norte y La Limonar o Quebradita por el sur; pero esta, fue atropellada por el urbanismo y la metieron en una camisa de fuerza, para dar paso a nuevas urbanizaciones.

Muchas de nuestras casas, conservan sus solares, patios y corredores, adornados por muy buena vegetación y esto es saludable, porque el casco urbano, hace parte del paisaje natural Sopetranero.

Estos patios todavía son abundantes en nuestro medio y hacen las delicias de las casas viejas de arte republicano; desafortunadamente, las propiedades, han sido compradas por personas, no muy conocedores de la arquitectura combinada con la ecología y convierten sus hermosas viviendas en moles de ladrillo y cemento, llenas de extravagancias de mal gusto.

Las limitantes que anuncié, por las dos quebradas en los laterales norte y sur, sumadas a otras  que tienen que ver con propiedades privadas en el este y el oeste, originan lo que en arquitectura conocemos con el nombre de remates, que es un fenómeno precioso, porque las calles y las carreras casi siempre son recortadas por un edificio, una puerta importante, una ventana de buen sabor arquitectónico o un paisaje.

A veces, como en este remate, las colinas, la vegetación y otros factores, hacen de los lugares verdaderas obras de arte.

La ciudad, conservó su estilo colonial en la arquitectura, hasta la década del sesenta del siglo pasado, cuando los mataedificios y los enemigos de la buena presentación del caserío, iniciaron la destrucción masiva, con el coliseo municipal, que era una verdadera joya arquitectónica, de esa fecha en adelante la ciudad ha sido desmantelada de todas sus riquezas arquitectónicas. No somos los nativos, sino los forasteros los causantes de estos males.

A continuación veamos algunos desastres arquitectónicos y la última catástrofe, que se llevó para siempre nuestras mejores prendas

Esta era una de las mejores construcciones de la vieja guardia.
Observen como la dejó un forastero:

Los laterales del parque eran preciosos, prueba de ello son estas cuatro
fotografías:

Así era esta esquina, con una casa de arte románico.

Este desastre fue causado por personas
que no saben de arquitectura
.

Este lateral quedó totalmente deformado Todo por la falta de un control efectivo de las autoridades competentes.
 

Otro tipo de pecado en arquitectura, es el hecho de conceder permisos para hacer nuevos edificios, al gusto del constructor, porque en las grandes ciudades coloniales, como Santa Fe de Antioquia, existen normas para el que va a tumbar y para el que debe construir.


Cuando observamos este perfil de parte de la ciudad, nos damos cuenta de los errores que han cometido nuestros gobernantes, en la arquitectura, porque la idea que tenemos los que saboreamos bien esta disciplina, es que el templo, como punto de referencia, sea el edificio más alto.


En pueblos como Jericó o Guatapé, los edificios antiguos del parque se conservan tal como fueron concebidos por los arquitectos de esas épocas. Y estos elementos urbanos, hacen las delicias de los visitantes, que se divierten tomando fotografías a diestra y siniestra, para llevar a sus álbumes familiares o a sus computadores.
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Ahora miremos una catástrofe arquitectónica, causada por las extravagancias de un forastero:

¿Cómo era esta calle?

Esta catástrofe acabó con los sueños de muchos Sopetraneros ilustres que tenían la idea, de traer la Normal a su vieja casa, puesto que había sido comprada con muchos sacrificios para este noble fin, porque otro forastero, había despojado a las religiosas carmelitas y al alumnado, de su edificio.

Ese conjunto de errores arquitectónicos, cuyo nombre omito, por respeto al pueblo sopetranero, también atacó los parámetros del templo, porque acabó con su sistema natural de aire acondicionado, al cerrar los ventanales de la parte sur y destruyó el alero izquierdo.

Así fue mancillada la arquitectura de la mejor de nuestras calles y todos tuvimos que someternos a la voluntad del destructor.

Si miramos las dos fotografías que siguen, encontramos que esas edificaciones fueron colocadas como portones en mitad de manga o como parche donde no es el dolor, porque no conservan las normas de escala y proporción, del conjunto y rompen las medidas clásicas que necesitan, para estar de acuerdo con el perfil. Casos de éstos, tenemos en todas las calles y por esa razón insisto en decir que la Oficina de Planeación tiene que emitir sus criterios oportunamente, para que estos desmanes no sigan pasando.

Esta construcción, que es de arte moderno, no es el estilo de arte republicano de los demás edificios de la plaza, ni conserva la norma de tener solo dos pisos, la degeneración arquitectónica se aprecia, a su lado derecho cuando ya hay otro edificio con las mismas tendencias.
La expresión que le escuché a un viejo y experimentado arquitecto fue:
—Qué palomera tan fea. Como la dejaron construir en el lugar más visible.

Éste otro mamotreto, es el remplazo de la vieja casa Cural, que tenía plena armonía con el templo, el compromiso de los reformadores, era el de hacer algo que jugara con la arquitectura del lugar y miran lo que hicieron. Observen, como el edificio se atrevió a profanar la arquitectura del templo y acabó con su alero. Las normas vigentes dicen: Que cuando se construye al pie de una joya, como la iglesia, hay que respetar por lo menos dos metros, entre la joya y la nueva construcción

Antes de terminar este artículo, ples muestro parte de la catástrofe, en la calle José María Villa:


Así era nuestra calle más importante; miren en lo que la convirtió la hecatombe, causada por la ambición del dinero, a sabiendas de que esas casas, no eran de la parroquia, sino de la comunidad, que las había comprado, con muchos sacrificios y había confiado su tutela al sacerdote de la época, que era un vir justus, como dijera la Biblia refiriéndose a San José.

Pero creo que Dios, que es el mejor principio de justicia, asentó su mano sobre el edificio y hemos visto, no sin cierta preocupación, que los negocios que allí se montan, no prosperan y que muchas propiedades, anuncian en sus muros: Se vende.

Este es el espectáculo que hace cinco años estamos viendo
y que tendremos que ver por muchos años más.

También quisiera hablar de la fuente que hubo en el parque, desde finales del siglo XIX, que era muy bien concebida, con unos dragones en los laterales y su vasia de azoe, como dijera Cervantes en el Quijote, por decir ‘ponchera de metal’. Tenía varios chorros, que con mucha suavidad caían en el recipiente del fondo; no volvimos a saber de ella, pues le pasó cosa parecida a la del Arca de la Alianza, que desapareció del Sancta Sanctórum del Templo de Jerusalén y como dirían los baquianos de mi pueblo:

—Se apretó la gorra y hasta luego vida mía.

Todo se pierde, todo se destruye, todo desaparece como por arte de magia y los pueblos se quedan sin esos tesoros imposibles de remplazar.

Gracias a estos elementos, los pueblos: nacen, crecen, se desarrollan, se transforman y se quedan metidos en la memoria de sus gentes.



Sopetrán, 27 de septiembre del 2012.

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