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lunes, 8 de agosto de 2011

Padre Juan Diego Escobar Gaviria

Noticias que nos llegan de la República Argentina:




Padre Juan Diego Escobar Gaviria

Aclaración: Desde hace varios meses los vídeos de Youtube me están quedando descentrados y con la imagen recortada a la derecha. No he podido encontrar la forma de que queden como antes. He visto Otros blogs a los que les pasa lo mismo. Por eso en la Semana Santa, sólo puse los enlaces para que se vieran directamente en la pantalla de Youtube. Como la Entrada queda mejor presentada con los vídeos, he optado por repetir debajo de ellos un enlace que remite a la vista de Youtube. Si alguien sabe cómo subsanar este inconveniente, le agradezco de antemano si me lo enseña. El editor. 

El padre Juan Diego nació en Medellín el 13 de mayo de 1958. Su existencia pasó  por Sopetrán en las personas de su mamá, Carlota Gaviria Jaramilo, de su abuelo materno, Jesús Gaviria Villa y de sus bisabuelos Rubén Gaviria Duque y Clementina Villa Muñoz. Su tatarabuelo Vicente Gaviria Gallón fue uno de los dos hermanos que llevaron el apellido Gaviria de San Benito en Medellín a Sopetrán.

Actualmente es el párroco de un pueblo llamado Lucas González en la  provicia de Entre Ríos en el nordeste de la República Argentina.

Una Historía plena de fe en Dios para que Thiago pueda caminar

Enlace de esta noticia
Thiago nació con una discapacidad motriz. Su mamá recurrió a diferentes médicos, sanadores y todo tipo de curanderos sin encontrar solución. Su fe y el padre Juan Diego fueron su cura.

Del diario Uno de Paraná, domingo 3 de julio de 2011.

Gerardo Iglesias / De la redacción de OVACION
La historia de Thiago conmueve a medida que el cronista la va escuchando. Mientras las palabras, muchas veces entrecortadas y temblorosas, salen de la boca de su mamá, Silvina Giménez, al recordar su peregrinaje por innumerables lugares en busca de una cura para su hijo menor.

“Thiago nació con discapacidad motriz, pasado el tiempo me fueron diciendo que no podría caminar no tendría razonamiento y todos me decían que no iba a caminar” expresa la mamá.

El nombre de la enfermedad de Tiago es necrocefalia, que produce la pérdida de las funciones motrices y en muchos casos sensoriales. Esto llevó a su mamá a una búsqueda tremenda de soluciones, de cura para Thiago.

Silvina buscó con médicos, fue al Garrahan, a las iglesias evangelistas de calle Corrientes en Buenos Aires, a curanderos. Sólo la suerte, traducida en destino sin dudas, la puso con una vecina que la contactó con el padre Juan Diego, de Lucas González.

Todo lo posible
La misma Silvina cuenta una historia que seguramente tendrá puntos en común con tantas en Entre Ríos y el país: “Hace unos tres años me comentaron que había una iglesia así, con un hombre, un cura que era carismático”. Pero antes de esto hay una historia que merece ser contada. Es la historia de una madre que hizo todo por su hijo, como tantas, como debe ser, para que su hijo camine, se desarrolle, lleve una vida normal, con escuela, amigos. Todo gracias al amor y la tosudez de su madre y a la fe.

“No hay solución”
“Lo he llevado a todos lados y siempre salía llorando porque me decían ‘mira mamá, esto es así, no hay solución’. Lo he llevado a todos lados, hasta las iglesias de calle Corrientes en Capital Federal. Mi papá me llevaba todos los fines de semana, sacando plata de donde no había, lo que queríamos era que caminara…”.

El destino o la suerte, o la fe, como se quiera llamarlo, la cruzó a Silvina con una vecina de su mamá que tenía un hijo con problemas de habla. “Me dijo que su hijo empezó a hablar y ahora lo hace clarito, luego de llevarlo al padre Juan Diego. Le dimos una foto de Thiago y le escribimos una carta al padre. Tiempo después fuimos. Teníamos sólo para el combustible hasta Lucas González. Entrás ahí, a esa iglesia, con esa carga, con esa mochila, porque vas mal, no solamente por tu hijo sino por todo. Pero una vez que entrás ahí te entregás. Te van a pasar mil cosas en ese momento. Decís que no vas a llorar o cantar porque te están mirando, cantan unas alabanzas y te entregás, sentís lo que estás haciendo”.

El contacto
El relato de Silvina no es para escépticos o descreídos. Desafía toda lógica. Y sigue sin que el cronista pregunte: “Cuando el padre lo ve a Thiago le pregunta ‘¿qué pasa Thiago?’.

Le digo que no quiere ir a la escuela, no quiere caminar, nada. El padre le dice que no, que salga ‘vamos Thiago, salgamos’. Empezamos a ir seguido. El padre le dio un aceite para que se lo pasemos. Siempre rezando el Padre Nuestro. Nada de dar dinero o esas cosas, jamás nunca nos pidieron nada. He dejado plata en la ofrenda, pero nunca me pidieron”.

Esta última afirmación también refuerza este acto de fe, de creencia, echando por tierra cualquier lógica especulación comercial. Después de estos encuentros con el padre Juan Diego, Silvina afirma: “Thiago empezó a caminar, a ir a la escuela”.

Complicaciones
Esto produjo también que afloren los malos recuerdos, las pálidas, las negaciones, como bien lo marca la mamá “fue discriminado en el Solar a pesar de no ser discapacitado mental. Tuvimos que pagar en una escuela para que una chica lo cuide en el jardín y un montón de cosas”, recuerdos que quedaron allá lejos, hoy como dolorosas anécdotas cuando Silvina, con una enorme sonrisa, dice que Thiago “hoy va a la escuela. Con muletas, pero va, pasó de grado. Él mismo notó un cambio grande en él y nosotros también. Todo fue un cambio para nosotros, hasta el nene más grande nuestro cambió”, relata la madre mientras recuerda tiempos difíciles y disfruta del presente que le permite ver un futuro mejor para su hijo.

Historia no apta para no creyentes
La historia de Thiago es palpable porque cualquier uruguayense lo puede ver en la Peatonal, yendo desde el kiosco de sus padres hasta los jueguitos o verlo ingresar a la escuela Nº 109 para cursar su 3º grado.

Una historia más que muestra familias con mucha fe que terminan alcanzando sueños que durante años parecieron quimeras inalcanzables.

El padre Juan Diego

La historia del padre Juan Diego Escobar dice que nació en Colombia y desde hace unos años está al frente de la iglesia católica de Lucas González, diócesis de Paraná.

Pertenece al movimiento carismático y es párroco de la iglesia San Lucas Evangelista, ubicada en el centro del tranquilo pueblo, Lucas González, y pertenece a la Cruzada del Espíritu Santo, una Asociación Clerical de Sacerdotes y Clérigos cuyo propósito es cuidar de las necesidades espirituales de todos los hombres.

La Cruzada es liderada hoy por el padre Ignacio Peries, cura sanador reconocido en todo el mundo y que en la ciudad de Rosario, da misas multitudinarias en su parroquia Natividad del Señor.

Tras otra prueba de fe, Thiago ahora les dijo adiós a las muletas
Enlace de esta noticia

El domingo participó del encuentro con el padre Darío Betancourt quien le ordenó que caminara por sus propios medios. Nació con un problema motriz y la fe de su familia le ha cambiado la vida.

Del diario Uno de Paraná, martes 5 de julio de 2011.



Gerardo Iglesias / redacción de UNO
giglesias@unoentrerios.com.ar

Thiago salió del templo y tiró las muletas al interior del auto. “Chau, a ustedes no las uso más”. Minutos antes el padre Darío Betancourt, desde el atril de la iglesia de Lucas González le había dicho que largue las muletas, que camine solo. Y él, Thiago, desde sus 8 años miró a su mamá Silvina y después se largó. Las muletas quedaron recostadas contra el banco.

El pibe salió caminando, tembloroso, rumbo al atrio donde estaba ese señor que le había dado la orden. Ocurrió el domingo, el mismo día en que UNO publicó la nota sobre el milagro de Thiago, el gurí de Concepción que nació con problemas motrices que le impidieron caminar en sus primeros años. La suerte y el destino lo llevaron ante el padre Juan Diego primero y al padre Darío Betancourt ahora.

El domingo, para continuar con una curación asombrosa, mamá Silvina marchó una vez más, como tantas, desde La Histórica hasta Lucas González, para seguir con la curación de Thiago. La inmensa movida que se armó desde Concepción para ir al pueblo de Rosario del Tala fue impresionante, con muchas trafics y autos particulares.

Silvina, otra vez con emoción, le relató al cronista lo que pasó “fue impresionante. El padre Darío dio la misa. En un momento empezó a decir “llamen a la familia de la chica que es anoréxica y pregunten qué esta haciendo. ‘Está comiendo’ le dijeron. Llamen a la familia que tiene un familiar internado con mucho dolor. Al ratito le respondieron que se había sentado en su cama aliviado. La pareja de más de 40 años que no puede tener hijos, dentro de 10 meses le traen todos los chicos al padre Juan Diego para que se los bautice. La pareja estaba al lado mío. Se abrazaban y lloraban los dos sin creerlo”.

Cuesta comprender, aceptar semejante relato. Pero este cronista recibió el domingo a la noche tres llamados que confirman el relato de Silvina y le adelantaron lo que estaba por contar la mama de Thiago. El último pedido del padre Darío fue “que se pare ese chico y camine. Y salió caminando rumbo al atrio sin las muletas”, cuenta la mamá tirando por tierra el escepticismo de muchos.

Sin autorizaciónAl regreso a Concepción las muletas fueron atrás, con la confianza y la esperanza de Thiago: “No te uso más a vos”. Y ayer también fue el primer día de escuela sin ellas, más allá de la prohibición de las autoridades a que ande sin ellas dentro del establecimiento. Para esto, Thiago necesitará una autorización médica. Pero eso ya es otra cosa. La autorización para caminar se la dio su propia fe y su propia lucha, emprendida con su madre Silvina desde los primeros años de vida. Aún tiene mucho por recorrer, mucho por recuperar. Lo cierto es que hoy, Thiago camina solo, sin muletas, algo impensado hace menos de un año atrás. Cuestión de fe. Creer o reventar como dice la vulgar y sabia frase. Pero hoy, el andar de Thiago es la prueba fiel de la fe

El Padre Darío Betancur en Lucas González I



Enlace

El Padre Darío Betancur en Lucas González II


Enlace

miércoles, 3 de agosto de 2011

Padre Jorge Echandía Gaviria

Por Luis Fernado Múnera López

Padre Jorge Echandía Gaviria
(Fotografía hacia 1967)

El padre Jorge Echandía Gaviria nació en Medellín el 17 de abril de 1925, en el hogar de Ana Gaviria Martínez, oriunda de Sopetrán, y Antonio Echandía Posada, nacido en Andes. Recibió la confirmación de monseñor Manuel José Caycedo el 5 de julio de 1925 en la Catedral Metropolitana de Medellín, su padrino fue Nacianceno Múnera Cadavid.  Su abuelo paterno fue don Pedro Antonio Echandía. 

Otros ancestros Echandías suyos fueron:

Pedro                    Manuel
Antonio María         Domingo
Pedro Antonio         Vicente
Antonio María         Darío

Sus ancestros Gavirias fueron en su orden:

Pedro Gaviria de Troconis. Siglo XVII. Residía en la ciudad de Victoria, provincia de Alava, España. Casado con Damiana González

Carlos Gaviria y Troconis González. Primer Gaviria llegado a Antioquia y fundador del apellido en Medellín, adonde llegó hacia 1676. Era originario de la ciudad de Victoria, provincia de Alava, España. En tierra antioqueña se casó con Manuela de Castrillón, nacida en Copacabana, Antioquia, su matrimonio se celebró el 25 de septiembre de 1678.

Carlos Gaviria Castrillón. Casado con Gertrudis del Mazo, su matrimonio se celebró el 13 de julio de 1717.

Carlos Gaviria Mazo. Casado con Catalina Jaramillo, su matrimonio se celebró el 13 de febrero de 1752.

Carlos Gaviria Jaramillo. Casado con Rafaela Jaramillo.

Tadeo Gaviria Jaramillo. Casado con Mariana Gallón. Hasta aquí, la rama familiar se conocía como los Gavirias de San Benito, en referencia al barrio de Medellín donde residían.

Alberto Gaviria Gallón. Casado con Ana Blair Gaviria, hija de Hugo Blair Brown, médico y oficial de la Legión Británica en la guerra de la independencia de Colombia. Con don Alberto y su hermano Vicente Gaviria Gallón se inicia la rama familiar conocida como los Gavirias de Sopetrán.

Juvenal Gaviria Blair. Casado con Dolores Martínez Villa

Ana Gaviria Martínez, nacida el 18 de febrero de 1896. Casada con Antonio María Echandía, nacido el 17 de enero de 1889.  Estos fueron los progenitores del Jorge Echandía Martínez

Los hijos de Antonio María Echandía Posada y Ana Gaviria Martínez fueron:

  1. Gabriel. Nacido 5 de diciembre de 1914. Fue mecánico de Coltejer. Se casó con Blanca Posada, hija del primer matrimonio de Fernando Posada. Don Fernando Posada se casó en segundas nupcias con Margarita Múnera Gaviria, hija de Nacianceno Múnera Cadavid y Julia Gaviria Martínez, hermana de Ana.
  2. Alberto. Nacido el 30 de abril de 1916.
  3. Jorge E. Nacido el 22 de junio de 1917. Falleció joven.
  4. Ligia. Nacida el 18 de junio de 1918.
  5. Elena. Nacida el 27 de noviembre de 1919
  6. Amparo. Nacida el 27 de mayo de 1921.
  7. Jesús. Nacido el 28 de junio de 1922
  8. Berta. Nacida el 21 de abril de 1924
  9. Jorge. Nacido el 17 de abril de 1925
  10. Óscar. Nacido el 1 de abril de 1926
  11. Jaime. Nacido el 9 de julio de 1927.
  12. Antonio. Nacido el 1 de noviembre de 1929.
Don Antonio Echandía Posada, padre del futuro presbítero Jorge, era mecánico de profesión y trabajó con la Casa de la Moneda de Medellín. Su afición eran los vehículos e introdujo a Medellín una de las primeras motos Harley.

El hermano mayor del padre Jorge, Gabriel, también fue mecánico, en la empresa Coltejer, y colaboraba con la Congregación Mariana. El padre Jorge acostumbra decir con orgullo “la mía es una familia de mecánicos”, para referirse a la importancia de tener conocimientos en diferentes disciplinas útiles.

Otro de sus hermanos, Alberto Echandía Gaviria,  es padre del Vicealmirante  Álvaro Echandía Durán, actual comandante de la Armada Nacional.

El joven Jorge pasaba alegres temporadas de vacaciones en la finca La Siberia, en Sabaneta, de propiedad de Alejandro Múnera Cadavid, con sus primos por el lado materno, los Múneras Gavirias (hijos de Julia Gaviria Martínez y Nacianceno Múnera Cadavid) y los Gavirias Gavirias (hijos de María Gaviria Martínez y Enrique Gaviria Villa). Una de sus diversiones allí era organizar competencias de atletismo en una cancha improvisada. Carlos Múnera Gaviria cuenta que una vez en una carrera de 100 metros el padre Jorge llegó en segundo lugar y dijo “llegué plácido” en lugar de decir “placé”, expresión francesa usada en las carreras de caballos. A partir de entonces ése fue su apodo y hoy continúan llamándolo el padre Plácido.

En su juventud era conocido y muy apreciado por su carácter sencillo, tranquilo y servicial. Él mismo dice: “Yo era el mandaderito de mi familia”

El padre Jorge Echandía Gaviria estudió en el colegio Salesiano El Sufragio, de Medellín. Cuando terminó el primer año de secundaria descubrió su vocación religiosa y la consultó con su director. Éste le recomendó continuar sus estudios en Mosquera, Cundinamarca, y empezar allí de nuevo su bachillerato, con el fin de discernir a fondo esta vocación.

Hizo el aspirantado en Mosquera entre 1940 y 1943. Tomó la sotana el 31 de enero de 1944, bajo la dirección del padre José María Bertola. Hizo el noviciado en Usaquén en 1944, con su maestro el padre Luis Bonilla. Hizo su primera profesión religiosa en Usaquén el 18 de enero de enero de 1945. El 10 de noviembre de 1947 solicitó autorización para sus votos perpetuos, en Mosquera. Hizo la profesión perpetua en Usaquén el 18 de enero de 1948. Estudió filosofía en Mosquera en los años 1945 a 1947.

La etapa, conocida entre los salesianos como el tirocinio, lo hizo sucesivamente en el colegio León XIII de Bogotá en 1948; en Neiva, entre 1949 y 1950, para finalizar el aspirantado  en Mosquera, en 1951.
La secuencia de las órdenes sagradas que recibió el padre Jorge es la siguiente.

  • La tonsura, el 29 de junio de 1952, oficiada por el obispo Luigi Traglia, en Roma.
  • Las primeras órdenes menores, el 23 de noviembre de 1952, por el obispo. Francisco Berretti, Roma.
  • Las segundas órdenes menores, el 8 de marzo de 1953, celebradas por el obispo Luisgi Traglia, en Roma.
  • El subdiaconado el 9 de mayo de 1954, por el obispo Giuseppe Da Costa, en Roma.
  • El 24 de mayo de 1954 presentó su solicitud de acceder al diaconado, y fue ordenado diácono el 4 de julio de 1954, por el obispo Pietro van Lierde, en Roma.
  • Finalmente, el 24 de octubre de 1954 presentó su solicitud para su ordenación sacerdotal y recibió el presbiterado el 7 de diciembre de 1954, del obispo Antonio Samoré, en Roma.
Obtuvo la licenciatura en Teología en la Universidad Gregoriana de Roma, en Julio de 1955.

Diploma de ordenación sacerdotal del padre Jorge Echandía Gaviria 7 de diciembre de 1954.

A su regreso a Colombia fue nombrado Consejero en Tuluá, Valle del Cauca, donde estuvo de 1955 a 1957.

En 1958 fue designado prefecto y más tarde rector y párroco en el Seminario Conciliar San Luis Beltrán de Barranquilla, cargos que ejerció hasta 1966. En la parroquia del seminario organizó dos escuelas gratuitas para obreros y trabajadores carentes de medios para estudiar. El hecho de que existiera parroquia dentro del seminario era único en Colombia en ese entonces y demostró ser una idea favorable para la formación de los seminaristas como futuros párrocos. El padre Jorge gozó de gran aprecio en la sociedad barranquillera, que reconoció la importante labor que desarrolló allí.

Entre 1966 y 1969 fue director del colegio San Pedro Claver en Cartagena

Entre 1970 y 1976 fue sucesivamente vicario inspectorial y director en la parroquia del Sufragio en Medellín. De 1977 a 1987 ejerció el cargo de secretario inspectorial.  Ha permanecido en la institución desempeñando diferentes actividades de apoyo y consejería espiritual. Goza de gran aprecio entre la comunidad de los salesianos y en los feligreses que encuentran en su bondad y don de consejo la ayuda y orientación que necesitan en su vida.

Padre Jorge Echandía Gaviria (Fotografía del 16 de abril de 2011)


Luis Fernando Múnera López

El autor se presenta:


Nací en Medellín, en 1951. Estoy casado con la mujer más maravillosa, Clara Inés Gaviria López, tenemos tres hijas y un nieto. Ellos son mi razón de vivir y mi alegría. Combino la ingeniería con las ciencias naturales y con las sociales, en particular la Historia, la Música y la Literatura. Me gusta también ejercer la docencia universitaria. Amo a Colombia, que es mi patria y el futuro de la gente que quiero, y me esfuerzo por conocerla.Escribo una columna de opinión en el diario El Mundo, de Medellín, y otra en la revista Mirador de Suroeste de Ciudad Bolívar, Antioquia.

El editor agrega:

Luis Fernando es hijo de Alfonso Múnera Gaviria y de Lola López Cano nieta de don Fidel Cano. Don Alfonso era hijo de Nacianceno Múnera Cadavid y de Julia Gaviria Martínez, hermana de Ana Gaviria Martínez la madre del padre Jorge, es decir, el papá del autor y el padre Jorge comparten la ascendencia Gaviria desde sus abuelos maternos hacia atrás.

El autor y el editor agardecen al padre Mario Restrepo Botero, secretario inspectorial, los datos suminiistrados para esta sembalnza.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Carlos González Gaviria. Centenario de su Natalicio

Hace 100 años
Dios inició una obra en Sopetrán
en pro de la niñez desamparada

1911 31 de marzo 2011
Gabriel Escobar Gaviria

¿Qué podría haberse imaginado el padre Emigdio A. Palacio que aquel muchachito que estaba bautizando ese lunes 3 de abril de 1911 llegaría a ser el don bosco paisa? ¿Qué podrían haberse imaginado los abuelos paternos don Gregorio González y doña Victoriana Gutiérrez, los padrinos, que aquel niño, que ahora lloraba mientras le caía el agua bautismal en la pila de la iglesia de Nuestra señora de la Asunción de Sopetrán, calmaría el llanto de muchos niños de la calle en Medellín?

Dios, cuatro días antes, el 31 de marzo de 1911, había mandado a este mundo a un emisario que habría de hacerles mucho bien a los niños pobres de Medellín y que iniciaría una obra que después de su temprana muerte se engrandecería por el cuidado de la Congregación Salesiana. Esa obra es Ciudad Don Bosco.

No importa que no esté en el libreto, pero no puedo dejar de asombrarme por las coincidencias que ese bautismo tiene con el mío. El padre Palacio me bautizó a mí en la misma pila 35 años y 20 días después de haber bautizado a Carlos María González Gaviria y yo también tenía cuatro días de nacido cuando eso ocurrió.

El hogar al que llegó Carlos María González estaba conformado por Carlos González Gutiérrez y Carmen Emilia Gaviria Villa. Don Carlos, un hombre público belmireño a quién su pueblo honró con perpetuar su nombre en la escuela rural de la vereda. Doña Carmen Emilia Gaviria Villa, hija del general Rubén Gaviria Duque y de doña Clementina Villa Muñoz. Fueron los hijos de este matrimonio Maruja, Carlos María, Gabriel Ignacio, Alberto, Jesús Enrique y Eugenia. Gabriel Ignacio y Alberto también son sacerdotes, el primero salesiano, como su hermano Carlos y el segundo, franciscano de quien ya tenemos una entrada en el blog.

Vuelvo a salirme del libreto para contar que fue por Carlos María que yo conocí la Congregación Salesiana a la que le debo mi educación religiosa y moral.
Después de este preámbulo ¿No se han dado cuenta de que estamos a tres semanas de conmemorar el centenario del nacimiento de Carlos González Gaviria? La ciudadanía sopetranera se debe sentir orgullosa de tener entre sus coterráneos un hombre que inició una obra y que merece ser honrado por el Municipio, pues en adelante los que no sabían que Ciudad don Bosco había pasado por Sopetrán, ya lo saben. Sentirnos orgullosos de Ciudad Don Bosco, obra y pensamiento de un sopetranero, es lo mismo que sentirnos orgullosos de Hogares Juveniles Campesinos obra y pensamiento de otro sopetranero-urraeño, monseñor Iván Cadavid, con dimensiones similares.

Voy a dejar que sea el padre Bernardo Vélez R. el que relate los rasgos más importantes de su vida, extrayéndolos de la Carta Mortuoria que escribió a la comunidad en enero de 1970 tres meses después de la muerte del padre Carlos.

«El trato frecuente con beneméritos salesianos, la admiración de su apostolado dedicado casi exclusivamente a los niños pobres, y la lectura de la biografía de San Juan Bosco, llevaron al Carlos González a la decisión de ingresar a la Pía Sociedad Salesiana para, a su vez, hacer lo que hacía Don Bosco y lo que veía hacer a sus hijos. Vivió la gestación de la obra salesiana en Medellín, siendo testigo de la ternura con la que el padre César María Cesari salía, en noches lluviosas, a recoger niños desamparados que dormían en las calles cobijados con periódicos y retazos de afiches y llevarlos a la que en aquellos tiempos se llamaba “Quinta de Santa María” donada por la sociedad medellinense a la Congregación Salesiana para sus labores caritativas y educativas. Por ello, años más tarde, ya sacerdote luchó tan tenazmente para recobrar, para los niños pobres, lo que directores muy progresistas habían empleado para niños pensionados.

»Desde el momento de su ordenación sacerdotal que recibió de manos de monseñor Juan Manuel González el 4 de diciembre de 1938, puso al servicio de ese apostolado distintivo de los salesianos, todas las grandes cualidades con que Dios lo dotó: magnífica memoria, amplia inteligencia, dotes para la oratoria. Para la música y para el teatro. Los superiores valoraron sus aptitudes y le confiaron puestos de responsabilidad. Así lo vemos ejercer la autoridad como director de los colegios de Tuluá, San José de Ibagué y la escuela agronómica San Jorge en la misma ciudad.

»Cuando el ilustre padre Julio Caicedo Téllez, nuestro primer obispo, salesiano de Colombia, fue consagrado para la sede episcopal de Barranquilla pidió al padre inspector, José Bertola, que le facilitara como secretario de la diócesis al padre Carlos González Gaviria. El padre Carlos Se trasladó a esa ciudad y desempeñó el cargo juntamente con el de organizador del Seminario Conciliar durante varios años.

»El Capítulo Inspectorial de 1952, que debía nombrar delegado para el Capítulo General del mismo año designó al padre Carlos para tan honrosa dignidad.

»La visita que en ese viaje hizo a la casa natal de don Bosco y al Santuario de maría Auxiliadora lo impresionaron de tal manera que avivaron su amor a la niñez pobre y abandonada y regreso resuelto a darse de lleno a lo que había sido , como para Don Bosco, su estrella polar en la selección de apostolado.
»Llegó a la misma casa donde de niño había gustado la salesianidad a la llamada Escuelita de San Juan Bosco de Medellín. Constató la carencia de organización y de preocupación más decidida por esos niños sin techo y sin afectos y, con la autorización de sus superiores se consagró sólo a ellos.

»¡Qué dificultades habría de superar! Cuántas luchas, desilusiones e incomprensiones, más agudas cuanto venidas de sus propios hermanos de comunidad. Pero “el amor todo lo soporta, todo lo vence”. . Y por años acarició su sueño: Construir la ciudad del niño, la Ciudad Don Bosco, albergue para centenares de niños ambulantes sin horizonte por los barrios más pervertidos de la urbe industrial.

»En 1966 se logró la erección canónica de la casa Ciudad Don Bosco como obra independiente, con personal propio. Se puede decir que de ahí en adelante el sueño del padre Carlos comenzó a hacerse realidad. La Providencia Divina se hizo palpable y la obra avanza con frutos consoladores . Aún está en vía de construcción y desarrollo, pero marcha al ritmo de la caridad que es inextinguible.

»El Gobierno condecoró al padre Carlos con la medalla Camilo Torres, destinada a quienes sobresalen en la labor educacional, en reconocimiento a sus beneméritas actuaciones en pro de la juventud desamparada.

»La actividad incesante y la preocupación por dar avance rápido a la obra minaron la salud del padre en forma tal que, pese a su espíritu optimista lo llevaron a la tumba cuando sólo contaba 58 años de edad.

»Soportó cristianamente un mes de sufrimientos en la Clinica Cardiovascular de Medellín, donde día a día veía apagarse ese dinamismo que lo caracterizó, y el 22 de septiembre de 1969 a las 5:15 a. m. rodeado de sus familiares y asistido espiritualmente por sus hermanos sacerdotes presentó su alma al Señor en la blanca patena de las manos de María Auxiliadora , su gran amor de todos los años de su vida.

»La oración fúnebre más elocuente y elogiosa la hicieron los centenares de niños pobres y los ex alumnos por él beneficiados que regaron con lágrimas su féretro e incensaron con lágrimas la tumba donde reposa. Un nutrido, sincero y fervoroso cortejo de admiradores, bienhechores y amigos lo acompañaron hasta su última morada.

»Días después de su deceso la Honorable Asamblea Departamental de Antioquia, por Resolución fechada el 12 de octubre, unánimemente aprobada, guardaba un minuto de silencio en homenaje al ilustre salesiano desaparecido y ordenaba que el primer instituto que se fundara en el departamento perpetuara el nombre del padre Carlos González Gaviria y que fueran pagados, cuanto antes, los dineros aprobados en la legislación anterior para auxilio de la Ciudad Don Bosco.

»Creo deber mío antes de poner punto final a esta carta mortuoria resaltar entre mis hermanos de comunidad las características más salientes del padre Carlos: su jovialidad y sentido del sano humor para hacer agradable y humana la vida de los que con él convivían; su profundo amor a María Auxiliadora y a Don Bosco a quienes atribuía todo el bien que hacía. Solía decir: “No son nuestras habilidades las que entran en juego en los éxitos, es trabajo de don Bosco y de María auxiliadora que nos usan como instrumento”.
»Para mí fue un maestro en el arte de saber confiar en la Divina Providencia cuando apremiaba la escasez de medios económicos. Finalmente, su amor práctico a los pobres y a los niños abandonados; para ellos su caridad no tenía barreras.

»Por ello confiamos en que la obra por él soñada siga prosperando y que su ejemplo tan a tono con las recomendaciones del Vaticano II y del Documento de Medellín atraigan a numerosos jóvenes a engrosar las Filas de los seguidores de Don Bosco, apóstol de la niñez pobre, fundador de una comunidad que tiene como finalidad primordial la santificación de sus miembros por medio del ejercicio de la caridad , preferentemente con los jóvenes más pobres.

»Para que sobre la tumba del padre Carlos florezca siempre la paz eterna y sobre su obra, el éxito y el progreso, pido a todos una oración al Dios dador de todo don perfecto».


P. Bernardo Vélez R.
Director
Medellín, enero de 1970

Gracias, padre Vélez, por escribir esa carta hace ya 41 años y por la que muchos sopetraneros en el día de hoy, especialmente los jóvenes sopetraneros que acuden a este blog, conducidos por la mano docente de Darío Sevillano, nos enteramos de que Dios miró a Sopetrán hace 100 años para iniciar una obra en pro de la niñez desamparada de Antioquia.
Esa obra no quedó estancada el 22 de septiembre de 1969, sino que es una obra dinámica por cuya dirección han pasado eminentes y consagrados salesianos que la hacen más grande cada día y más agradable a los ojos del Señor.

La obra tiene hoy en día doce programas de los que sólo daré hoy los nombres porque la intención es describirlos uno a uno en este blog:


Derecho a soñar
Niñez y Adolescencia en Situación de Calle
Académico Técnico
Hogar de Transición
Formación parta el Trabajo y el Desarrollo Humano
Casa de Egreso Don Bosco
Niñez y Adolescencia Trabajadora de Alto Riesgo
Jóvenes Desvinculados de Grupos Armados
Formación parta el Trabajo y el Desarrollo Humano, Convenios Medellín, Amagá, Angelópolis
Hogar Infantil Principiantes
Fundación Ciudad Don Bosco
Parroquia San Francisco de Sales

Éste es el equipo de trabajo para este programa
De Izquierda a derecha: Gabriel Escobar Gaviria, Elbacé Restrepo,
Luis Fernando Múnera López

Hemos encontrado la valiosa colaboración de los padres Mario Restrepo y Armando Álvarez y del Comunicador ex alumno del Colegio del Sufragio Gustavo Campuzano.

Notas adicionales

Copia de la resolución de la Resolución número 007 del 8 de octubre de 1969. De esa resolución el artículo 2.°, que trata de dar el nombre de Carlos González Gaviria a una institución del departamento, no se ha cumplido. Por concepto del abogado Luis Fernando Jiménez, ex salesiano, la resolución está vigente y se puede pedir el cumplimiento. Vamos a ver si nuestro alcalde John Wílmar Villa Guerra nos mira esta solicitud con buenos ojos y en alguna de las instituciones que ahora funcionan con el nombre de la vereda nos abre campito para este nombre: nos quedan nueve meses y pico para convencerlo. 

Pueda ser que la platica que menciona la Resolución sí la hayan pagado, en caso contrario, pilas, padre Armando, vamos a reclamar eso.

El 22 de septiembre de 1969, casi a la misma hora de la muerte del padre Carlos, cayó asesinado en una de sus fincas de Liborina otro nieto de Ruben Gaviria: Félix Vieira Gaviria, Hijo de Pedro y Clementina (Tina) y hermano de Alicia.. Este sí más conocido en Sopetrán pues toda su vida se movió entre Sopetrán y Liborina. La familia Gaviria, muy unida en los duelos, salió del entierro del padre Carlos para el velorio de Félix, cuyo entierro fue al otro día.
Cierro con las dos devociones del padre Carlos.

María Auxiliadora, ruega por nosotros.
San Juan Bosco, ruega por nostros.

martes, 8 de marzo de 2011

Henry Agudelo | Lisandro Yepes, zapatero en San Juan con Carabobo, cree que el Medellín de mediados del siglo XX era mejor que el de hoy, porque se veía más la plata. Las transformaciones arquitectónicas no le sorprenden ni atraen
Al zapatero de San Juan
no se le gastan sus zapatos
John Saldarriaga
Fotos: Henry Agudelo
Tomado de El Colombiano.com (11-03-06)


Lisandro Yepes es zapatero. Ha estado en la misma esquina suroriental de San Juan con Carabobo desde 1949. Entre suelas y puntillas ha visto la transformación de este sector.


Recuerda que, recién llegado de Sopetrán, en el
sector que hoy ocupa no había edificios altos.
Era más residencia y había muchos terrenos sin
construir.

Cuando se quemó parte de la Plaza de Cisneros, me-jor conocida co-mo El Pedrero, en la madrugada del 7 de abril de 1968, lo más se-guro es que Li-sandro Yepes Co-rrea estaba bo-rracho. Al darse cuenta, ese sitio ya estaba en cenizas.
"Es que donde había una botella de aguardiente destapada, ahí estaba yo", reconoce este zapatero de 89 años, quien de éstos ha pasado 62 en la esquina de San Juan con Carabobo, con las puntillas en la boca. No digamos que viendo la vida pasar por esa ancha vía, sino más bien de espalda a ellas, a la vida, a la vía, porque así se sienta él en un baúl pintado de beige, dándole más bien el frente a su cajón de zapatos, que es también su mesa de trabajo, y al muro de las edificaciones del costado suroriental de ese cruce. Para no distraerse, tal vez.
Un delantal de cuero y una gorra de tela dan un toque singular a su estampa. Un zapatero como los de cartilla, como los de los cuentos.
"Resulta que perdí un zapato -contó el día en que lo visité por primera vez-. Un hombre me trajo varios pares para arreglar, casi todos de mujer. Él dijo que ese par lo trajo completo, pero aquí no aparece. Juró que no lo botó en el camino. Y se envalentonó. Me amenazó: que el zapato aparecía o, si no, yo no sé qué. Por eso me fui esta mañana a comprar a San Antonio. Una estampita. Porque dicen que si uno amarra al santo, él hace aparecer el objeto perdido".
Milagro
Cuando comenzó de zapatero, de este oficio
no sabía más que arreglar tapas de tacones.
El mismo ejercicio le fue enseñando lo que
debía saber de él.
Lisandro nació en Sopetrán, el 10 de diciembre de 1922. No siempre ha sido zapatero. Los primeros 27 años los pasó en su pueblo arando la tierra. Se casó muy joven con Margarita Restre-po Restrepo, o-riunda de Ciudad Bolívar, y muy joven quedó viu-do, con dos hijos que levan-tar. Si no hubiera sido por sus padres, él se hubiera enlo-quecido. Ellos le ayudaron a criarlos.
Para colmo de males, en una jornada de cacería con un hermano suyo, por salvar a dos perros de caer por un abismo, en el que sin duda hubieran perecido, cayó él y se fracturó la pierna derecha en tres partes; una de éstas en "el huesito que incrusta en la columna vertebral", dijo, pero, por el lugar que señaló con su mano diestra, seguramente se refería al fémur, cerca de la pelvis, no de la columna.
Poco después, le cayó una trombosis en el hombro izquierdo. Así, cojo, con un desnivel de varios centímetros entre ambas extremidades, y enfermo, decidió venir a Medellín trabajar. Muy viejo para darle trabajo, como le dijeron en varios negocios, decidió volverse zapatero. Se instaló de una vez en esa esquina donde todavía se le ve. Del oficio sólo sabía pegar tapas de calzado de mujer. Confiaba en que el ejercicio diario le enseñaría lo demás.
La estación Cisneros -uno de los edificios más altos del momento, junto al Carré y el Vásquez- y la Plaza de Mercado se encargaban de mantener la estrecha arteria de San Juan convertida en hervidero.
Hablándome, tomó en su mano un zapato de hombre con un roto tan grande en la tapa que dejaba ver su interior y lo incrustó en la punteadora, ese elemento de hierro que tiene forma de pie sin dedos, del que se valen los de su oficio para clavar las puntillas. Recordó que el tranvía pasaba por esa calle todo el día de Occidente a Oriente y viceversa. Llegó a montar en ese vehículo en esos primeros tres años de su llegada a Medellín, de 1949 a 1951, en los cuales permaneció el servicio, pero no era su pasajero estrella. Él prefería caminar hasta su casa de Villa Hermosa.
Caminando, en compañía de su hija, fue un día a la iglesia de las Esmeraldas, Nuestra Señora María Reina, y se arrodilló ante el Señor Caído para decirle: "Señor, lo único que tengo para ofrecerte son dos Padrenuestros hoy y uno mañana. Si me necesitas, llévame contigo; si no, dame alivio". Y comentó: "No sé a qué horas vino Él a operarme, ni cómo lo hizo, pero vino y me dio alivio esa misma noche, mientras dormía. Me levanté caminando derecho, como camino hoy, y fui a rezarle el Padrenuestro que le debía".
En el tren, cuya estación Cisneros le quedaba a dos pasos, también montó algunas veces. Había encomendado a su hija, Rocío, a las monjas de un convento de Maceo, de modo que viajaba a veces a visitarla. Cada vez que iba, la Madre Superiora le rendía un informe un tanto anómalo. Quejas de pequeñas travesuras propias de una adolescente. Hasta que no aguantó más y le dijo: "tranquila, Madre, que yo me voy ya mismo con la niña". Y así lo hizo.
En las imágenes de esos años que ahora pasaban por su mente, zapatos corrían de un lado a otro; tacones sonoros se veían doblar en las esquinas. San Juan era un caos. Esa calle que fue estrecha hasta principio de los años cincuenta, se veía más estrecha aun, sumando esta muchedumbre a la que vertía sin cesar la plaza de mercado. "Cómo no iba a ser mejor ese tiempo, cuando Guayaquil era Guayaquil, si se veía más el billete".
Hasta los setenta, tenía muy claros los cafés, cuyas cortinas metálicas se pegaban por no bajarse nunca. El Dandy, el Santa Cruz, La Canoa, el Árabe, La Luneta, el Perro Negro, el Atlántico. "Si quería oír tango, el Perro Negro; el Atlántico era de negros y costeños", le recordó José Horacio García, un amigo que suele llegar hasta su puesto a acompañarlo a ratos, a sentarse en el bulto de retazos de cuero que Lisandro mantiene al lado del cajón. "Sí, pero no me importaba el tango, sino el aguardiente. Y al Atlántico, aunque de negros, también iba yo". Por ese tiempo, el de los setenta, vio la segunda ampliación de San Juan. Fue entonces cuando quedó tan ancha, que atravesarla era una osadía.
Lisandro les arreglaba los zapatos a cantineros; conductores de buses de pueblos, que cuadraban sus automotores en esa zona, desde Guayaquil hasta La bayadera; comerciantes del mercado; bohemios; cocheros; rameras, y carteristas. Todos tenían que ver con él. Y nunca -ni antes ni ahora- han faltado las mujeres a quienes se les parte el tacón en plena calle y, desesperadas, buscan afanosas con la mirada el oportuno zapatero que las saque de apuros y ahí siempre ha estado este sopetraneño.
Ni mucho ni poco
Lo visité dos días después. Lo hallé buscando la forma de que un trozo de caucho le alcanzara para dos tapas que un hombre -quien esperaba su trabajo parado ahí a un lado, en medias- le pidió ponerle a un par de tenis. Sí, de tenis, por extraño que parezca, con el argumento de que así no se le seguirían gastando. Otro cliente llegó a preguntarle qué había de su maletín, al que habría que remplazarle un pedazo de cuero, en el sitio de la hebilla.
"Nada. Para hoy no lo tengo -contestó Lisandro-. Venga más temprano". "¿Más temprano? Entonces, ¿vuelvo mañana por la mañana?" "Sí".
Empuñando el cuchillo zapatero, cortando el caucho por la línea de lápiz que acababa de trazar, Lisandro me miró para decirme: "yo no soy de problemas. ¿Usté me cree que a la edad que tengo, con una historia más larga que la de Cosiaca, y no conozco la cárcel? ¿Ah?" Ni siquiera en tiempos en los que bebía tanto, que había un comando de policía en el sitio donde hoy está La Alpujarra, llegó a dar con sus zapatos a ese sitio regido por un comandante muy temido, al que todos llamaban Pacho Treinta, porque "repartía treintazos a diestra y siniestra".
El Carabobo peatonal, que vio comenzar en octubre de 2006, no le parece mejor ni peor. En teoría, dijo, si la gente camina más, debería gastar más zapatos, pero su trabajo no ha aumentado.
Casi lo olvidaba: "a todas éstas, Lisandro, -le pregunté- ¿qué hay del zapato perdido?" Él contestó que desató al santo. No lo encontró, pero le hizo el milagro "de otra manera".
Cuenta que el cliente, ese bravucón, había vuelto a amenazarle. Él le ofreció fabricarle otro igual, pero aquél no aceptó. Ya comenzaba a hostigarlo, a arrinconarlo, a insultarlo, cuando llegó un amigo suyo, fotógrafo de la Alcaldía, "¿Vidal es que se llama?" y encaró al sujeto diciéndole que Lisandro tenía quien lo respaldara. El amenazador terminó diciendo que lo dejaría así y se fue sin pagarle el trabajo de los demás zapatos, que valía casi 20 mil pesos.
"¿Si ve que san Antonio me hizo el milagro de otra manera? Mandándome quién me defendiera".
Digamos que la borracherita del 7 de abril de 1968, fue una de las últimas de este nonagenario que mira el mundo desde abajo. "Dejé los vicios hace como cuarenta años. A ellos había llegado bobamente. Cuando uno era joven pensaba que un hombre sin un vicio era pendejo. Hastiado de todo, primero dejé el cigarrillo. Después pensé. Para qué los otros dos, las mujeres y el trago. Le acepté la propuesta a mi hija de que viviera con ella y desde eso estoy viviendo bueno, en La Mansión".
De allá desciende caminando todas las mañanas y regresa también a pie. Asegura que sus zapatos, prodigiosamente, no se gastan ni mucho ni poco. Muestra la suela y la tapa de su calzado, primero un pie, luego el otro, y están intactas como dice, a pesar de tenerlos hace más de dos años.

domingo, 6 de marzo de 2011

Hace 70 años

Ramón Elejalde Arbeláez
Tomado de El Mundo.com (11-03-05)
El próximo 14 de marzo se cumplen 70 años de la conformación del inolvidable Dueto de Antaño, que integraron Ramón Emilio Carrasquilla Peña y Camilo García Bustamante.




En dos ocasiones me he ocupado desde esta columna en hacerle un reconocimiento público a uno de los más importantes grupos musicales de Colombia durante el siglo pasado.
Fue la emisora “Radio Córdoba” de propiedad de Pspero Aguirre, situada en la carrera Junín, contiguo al lugar que hoy ocupa El Astor, el escenario donde casualmente se conocieron y unieron sus voces Ramón y Camilo. El 14 de marzo de 1941 actuaba en la emisora el Dueto García y Rubio, integrado por Camilo García y Chava Rubio. En medio de la presentación hizo su ingreso al radio teatro de la emisora el tenor Ramón Carrasquilla, acompañado también de otra dama para demostrarles a los dueños de la emisora que también podían ser una buena opción musical. El dueto mixto no caló, pero la voz de Ramón gustó tanto que don Próspero Aguirre, impulsado por don Luís Pareja Ruiz, padre del periodista Rodrigo Pareja, decidió proponerles a Ramón y a Camilo que cantaran a dúo. Fue tal el impacto que de inmediato comenzaron a promocionarlos. Inicialmente tomaron el nombre de Dueto Antañón que después fue mejorado por consejo de don Luís Pareja con el nombre que los inmortalizó. Sus tres primeras interpretaciones fueron Mis
flores negras, Venenosa y Nube pasajera, que interpretaron acompañados por el Conjunto López y la guitarra del maestro Camilo García.
Camilo nació en Amalfi en 1910, y Ramón, dos años después en el municipio de Sopetrán. El Dueto perduró hasta el 7 de junio de 1982 cuando muere Ramón Carrasquilla, su primera voz. Estuvo vigente 41 años. Su producción discográfica fue cercana de los 70 discos de larga duración, con unas 650 composiciones, un verdadero record para la época.
Una de las grandes virtudes del Dueto de Antaño fue recoger la música andina que ya se perdía en el tiempo. Hicieron campañas en las emisoras y en los lugares donde se presentaron para recoger letras con su música que el público les entregaba con gusto. Hoy, 29 años después de desaparecido el grupo, la música de Ramón y Camilo aún se escucha con emoción.
Notícula. He ofrecido gratuitamente entregar la colección completa de las composiciones del Dueto de Antaño, que recogí pacientemente durante muchos años. Mantengo la propuesta, pues no me parece justo que estas joyas discográficas se pierdan con el tiempo.

En la notícula de este artículo hay una oferta interesantisima y por la cual el Camello Sevillano y este servidor iniciamos conversaciones con el oferente para obtener esa colección para nuestra Casa de la Cultura. Estamos esperando una comunicación del doctor Elejalde para darle a conocer oficialmente al señor añcalde John Wílmar Villa Guerra la oferta.
Mientras tanto escuchemos dos de las canciones colas que se inició el Dueto de Antaño.









Y encimo otra